Estoy sentado sobre un taburete de vieja madera atado de pies y manos. Tengo sed, mucha sed. Hace al menos 3o horas que no bebo nada. Ante mí, una vela encendida ilumina una pila ajada y sucia sobre la que reposa un grifo que no deja de gotear. Gotas lentas, sonoras y frías que no se detienen ante mi seca boca. El estruendo es ensordecedor. Cada gota escuchada recuerda que la cuenta atrás comenzó hace demasiado. Cuando el reloj de arena que llevo tras mis ojos vuelva a dibujar sobre la silueta del último suspiro los primeros trazos del tranquilo mapa, sabré si todo esto es sólo una pesadilla o si el destino me guardaba una broma pesada con la que castigar la culpa asumida.
¿Quién me abandonó en esta habitación sin puerta ni ventanas? Fui yo.
Oink
Uf!