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La petite mort

Ayer cené con mi pasado y vacíe el cargador en su torso. Hoy he tomado café con mi presente y lo he echado de casa a patadas. Mañana comeré con mi futuro y tras la puerta guardo un dulce bate de acero. Cada instante que pasa mi memoria se reinventa. No hay día en el que no decida quién soy y quién seré. Uno tiene el deber de suicidarse tres o cuatro veces al día y volver a renacer al atardecer.

La mentira es siempre amable paseo, recorrido tantas veces por la rutina. Uno se acostumbra rápido al juego de las dobles caras, del caduco respeto y la puñalada de terciopelo. Más el tiempo nos arroja sin detenerse contra nuestro destino, rodeado de dudas y verdades.

Todo tiene sentido y se acerca a la verdadera causa cuando uno yace junto a un cuerpo desnudo y todos los sentidos estallan en una frenética orgía de lo bello.

Oink.

La ventana azul

Media docena de puñados de tiempo arrojados ante mis pies son suficientes. Imaginación capaz de esculpir la futura nostalgia y de destruir los retales de lo sufrido. Sobre un lienzo salpicado de tristeza, la mirada camina exhausta en busca de  la vieja ventana. Infinito pentagrama curvado, eterno habitante del averno. La ilusión, convertida en árbol, clava con violencia sus raíces en un viejo reloj de arenas movedizas.

¿Cuántas monedas de plata necesito para distraer la voluntad del viejo Caronte? Recorro desnudo el laberinto de hielo dejando tras de mí un recuerdo tallado en cada huella. De pie, frente a unas hojas secas, un cigarrillo moribundo y rodeado por efímeras cortinas de hormigón, lanzo mi cuerpo contra el húmedo césped y clavo la mirada en un cielo de plomo y estrellas. Sólo busco la vieja ventana azul a través de la cual poder encontrar lo soñado.

Oink

Desde que llegué a esta ciudad he observado que existe un colectivo cuya labor no es suficientemente valorada y reconocida: la de la Guardia Municipal. Qué gran cuerpo! Arriesgan sus vidas en peligrosas tareas como perseguir a las peligrosas vendedoras de pañuelos machupichicos, los temidos adolescentes amantes de las nostálgicas litronas o los terroríficos fumadores de opio, protegiendo a los inocentes y estremeciendo, con su mera presencia a los malhechores del lugar. Y realizan su trabajo no dejándose entretener por los pequeños detalles: una panda de hombres del desierto, aficionados al robo y al asesinato de la voluntad femenina.

Siempre actúan con gran profesionalidad. Ante la presencia de dos aterradores individuos de 16 y 20 años ellos deciden solicitar refuerzos. Será suficiente con 7 efectivos? Ya se sabe que el miedo compartido siempre es menos amargo.

Simplemente me permito el lujo de recordarles un par de cositas sin importancia:

1.- Su labor consiste en garantizar la seguridad ciudadana. Es decir, son ustedes los que deben tomar parte en los asuntos que al resto de los mortales nos causan cierto malestar. Por lo tanto dejen de girar la cabeza y actuar con contundencia ante las más absurdas pequeñeces.

2.- Dejen de comportarse como si fueran miembros de algún cuerpo de élite  o asalto. Ustedes son Guardias Municipales, no los hombres de Harrelson.

3.- Dejen de tocar los cojones al público y a ver si hay huevos de empezar a tocárselos a quien deben. Qué!! Acaso es miedo lo que huelo desde aquí? Pues a joderse, que eso va dentro de su sueldo. Para pasear de blanco impoluto e impresionar a las chicas de 15 años ya existen los orcos de Bata.

Oink.

Redonda tentación

Esta mañana he decidido madrugar para poder disfrutar de la poco habitual presencia del sol en la ciudad. Tras disfrutar de un largo paseo sobre las azoteas me he sentado en el único hueco de la, siempre abarrotada, terraza de mi amigo Antonio. Un buen café, una generosa tostada y el periódico sobre la mesa.

En la página número 4 leo un artículo sobre un estudio publicado por la UPV (Universidad Porcina Vip). Según el mismo la gran mayoría de las tentaciones humanas tienen forma redondeada, o para ser más precisos, se puede afirmar que ningún objeto de deseo posee en su morfología ángulo recto alguno: labios, pechos, nalgas, penes, torsos, coches de alta gama, e incluso en el número uno, los donut de chocolate.

Tras unos minutos de reflexión he sacado dos claras conclusiones:

1- Quien diga que el chocolate  representa una clara tentación y que las onzas si tienen ángulos rectos le diré que miente. El buen chocolate no se come, proviene del orificio excremental, generalmente de origen moruno y tiene una forma marcadamente redondeada.

2.- Si pesas 250 kilos y obviamente eres redondo, no significa que seas una tentación para el resto de la especie. Así que, como cada septiembre, haz el favor de hacer deporte antes de que un comando de Greenpeace te pegue una pancarta en tu culo y una horda de cazadores furtivos te confunda con una Balaenoptera musculus, Ballena!!

PD: Los cerdos a diferencia de los humanitos, estamos mejor considerados cuanto más redonda sea nuestra fisionomía. Así que, a joderse!!

Oink (que bueno estoy)

Tras una larga temporada dedicada al dulce acariciar de las esferas del amor, más conocidas por los humanitos como “cojones”, he vuelto a la rutina. Qué palabra tan desafortunada. Rutina. Desde mi llegada a la ciudad, nunca había vivido en primera persona el ritual veraniego humanoide. Sin duda creo haber descubierto el lugar donde los humanitos exhiben, abandonando la dignidad adquirida, su condición miserable y mezquina: la playa.

Los cerdos estamos acostumbrados a las miradas lascivas y la saliva malintencionada de aquellos que nos imaginan sobre una cama de porcelana, recorriendo, bien triturados, sus estómagos. Sin embargo, este verano he podido pasar desapercibido entre el variado catálogo de extrañas morfologías corporales observadas en la playa.

Sobre la arena, la belleza interior alcanza el grado de esperanza, las falsas promesas quedan al descubierto y la imperfección se transforma en un tierno sorbo de perversión. Entre las olas se esconden los besos robados, los cuerpos mojados y la siempre tan codiciada paz urinaria.

Un saludo a todos y en cuanto me recupere de la depresión postvacacional vuelvo a vomitar palabras como todo cerdo con capa que se precie.

PD: Por cierto, alguien pordría decirme cual ha sido la canción del verano?

Oink.

Video: Stravinsky. The Firebird (finale)

Porque excepto el último punto, todos los demás siempre ofrecen nuevos sueños. Por las inolvidables comas. Porque tras los primeros amargos minutos, el tiempo se vuelve amable, alegre y lleno de energía. Por el breve silencio de después del final. Por las tormentas deseadas, la pasión, la vehemencia, las contradicciones, las dudas, el miedo a superar y ese vulgar café que, siendo el último, siempre nos parece el primero.

Por la tranquilidad de las palabras arrebatadas con un cansado sacacorchos. Por las ventanas que se abren y se cierran. Por recordar sólo lo necesario para poder dejar sitio a los futuros recuerdos. Porque cuando un sueño se cumple, todo lo demás tiene sentido.

Por los puntos suspensivos, anfitriones de todo aquello que jamás se escribe.

Oink.

La música es el paraiso encontrado. Una dimensión compleja de la belleza y, sin duda, la más sublime causa por la que sacrificar toda una vida. Decía el escritor que la vida es el tiempo que me queda. Desconozco el tiempo que me queda por vivir. Sólo sé que ese tiempo ya tiene dueño, la música. Se lo ofrezco todo, mi tiempo, mi dedicación, todo. Y no espero nada a cambio. Sólo deseo tenerla siempre de compañera de viaje, de amiga, de amante.

En unos días viviré unos minutos soñados durante tantos años… Y sé que todo cambiará después de ese instante. La vida me regalará, una vez más, un contador a cero. Una oportunidad de lanzarme al abismo, de saltar desde lo más alto sin temer el impacto. Un nuevo amanecer nacerá ante mí.

PD: Mila esker maixu.

Oink

Cuatro paredes de acero de cuatro metros de altura. Un cielo blanquecino y pesado. Hace mucho frío. Bajo mis pies descalzos, un suelo de piedra húmeda convierte mi existencia en algo insoportable. Las gotas de lluvia van clavando mi cuerpo en la piedra. ¿Dónde quedaron aquellos tibios palmos de piel que me regalabas cada noche? ¿Dónde escondes esos labios que tantas veces besé por primera vez? Un beso arrojado por tus labios, caliente, mojado, inagotable. ¿Cómo he llegado aquí? ¿Por qué hace tanto frío? No puedo dejar de tiritar. Siento cómo mi piel se empieza a transformar en musgo. Daría lo poco que me queda de vida por un par de gotas de calor.

El azul ha ganado la batalla en el cielo y un tímido rayo de sol recorre mi gélido ataúd de acero y termina por golpear mi cara contundentemente. Al fin llegaron las tan deseadas gotas de calor. Un vehemente  relámpago recorre mi cuerpo inundándolo de placer. Nueve tubas wagnerianas lanzan sin contemplación las primeras notas de la canción del adiós. Las puertas de la ciudad olvidada se cierran ante mí. La noche se ha presentado de imprevisto y no me importa. Aún siento el calor del rayo perdido, aún recuerdo las últimas palabras. No me queda tiempo suficiente para olvidar nada. Ahora que me apago sólo guardo tres minutos para recordar un aroma. Ahora comprendo qué hago aquí. Ahora lo entiendo todo.

Oink

caspa: Conjunto de escamillas blancuzcas que se forman en el cuero cabelludo.

Mocos: Materia pegajosa y medio fluida que forma grumos dentro de un líquido, por descomponerse las sustancias que estaban en disolución.

Cera: Sustancia crasa segregada por ciertas glándulas, parecidas a las sudoríparas, que existen en el conducto auditivo externo.

Sudor: Líquido claro y transparente que segregan las glándulas sudoríparas de la piel de los mamíferos y cuya composición química es parecida a la de la orina.

Escremento: Residuos del alimento que, después de hecha la digestión, despide el cuerpo por el ano.

Pus: Líquido espeso de color amarillento o verdoso, segregado por un tejido inflamado, y compuesto por suero, leucocitos, células muertas y otras sustancias.

Pedo: Ventosidad que se expele del vientre por el ano.

Eructo: de eructar. Expeler con ruido por la boca los gases del estómago.

Orinar: Expeler naturalmente la orina.

¿Y luego soy yo el cerdo? No sólo lo hacéis sino que lo definís. Qué puto asco. Yo, al menos, lo tengo asumido y naturalizado.

Oink

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